Libros

Meiksins Woodla, Ellen, La prístina cultura del capitalismo. Un ensayo histórico sobre el antiguo régimen y el estado moderno, Madrid, Traficantes de Sueños, 2018 [1991]


Descripción

¿Cuál es, por tanto, el paradigma dominante del progreso y del cambio histórico? Puede expresarse mediante oposiciones simples: rural versus urbano, agricultura versus comercio e industria, común versus individual, irracional (magia, superstición e incluso religión) versus razón, estatus versus contrato, coerción versus libertad y, por encima de todo, aristocracia versus burguesía. El principio de movimiento entre estas polarizaciones de lo moderno y lo antiguo es, de un modo u otro, el desarrollo progresivo del conocimiento humano, de la razón, o, más específicamente, de la tecnología; pero estos acontecimientos tienden a adoptar la imagen, dentro de la estructura de clases ascendentes y clases descendentes, de la burguesía triunfante, defensora del conocimiento, la innovación y el progreso y, en último término, portadora del capitalismo y de la democracia liberal. La curiosa particularidad de este paradigma es que, aunque contiene elementos significativos que son ciertos, no se corresponde con ninguno de los patrones de desarrollo históricos actualmente existentes. En Inglaterra, había capitalismo, pero no lo introdujo la burguesía. En Francia existía (más o menos) una burguesía triunfante, pero su proyecto revolucionario tenía poco que ver con el capitalismo. En ningún lugar surgió el capitalismo como el simple resultado de una lucha entre la aristocracia (en declive) y la burguesía (en auge), como tampoco fue en sitio alguno el resultado natural de un choque fatal entre el dinamismo urbano y la insensatez rural. Más bien, dicho modelo es una imagen compuesta formada en gran medida por la sobreimposición retrospectiva de la experiencia revolucionaria francesa colocada sobre el ejemplo del capitalismo inglés, y, a la inversa, una interpretación de la experiencia política francesa a la luz del desarrollo económico inglés. Solo gracias a la interpretación de la Revolución francesa que arranca de la visión de los historiadores franceses postrevolucionarios (y de los historiadores alemanes) se le ha conferido a la burguesía su estatus histórico como agente de progreso. A través del prisma de esta autocomplaciente ideología burguesa, adquirieron un nuevo color no sólo las relaciones entre clases sino también entre campo y ciudad, agricultura y comercio y, con ello, todas las dicotomías consiguientes.


Palabras claves

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