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Avrich, Paul, Los anarquistas rusos, España: Alianza, 1974,


Descripción

La tendencia a contemplar la historia exclusivamente desde la perspectiva de los vencedores explica en gran medida la poca atención que usualmente se presta a los anarquistas rusos; ahora bien, ni el éxito es la única medida de valor de una ideología, ni la crónica de la Rusia contemporánea puede reescribirse sin referencias a la corriente ácrata. Como sucediera anteriormente en otros países, el anarquismo que rebrota en Rusia a comienzos de siglo y se extingue en la década de los veinte - tal es el marco histórico del estudio de Paul Avrich -, constituye respuesta a las profundas alteraciones que en la estructura social produce la revolución industrial acelerada. No se trata, sin embargo, de una pura importación de ideologías y estrategias; el legado occidental entronca con una larga tradición de revueltas campesinas, se funde con las contribuciones teóricas de Bakunin, Kropotkin, y el populismo ruso, y cobra una especial virulencia terrorista en el contexto represivo de la autocracia zarista. La revolución de 1905 despierta las esperanzas de los libertarios; pero su incapacidad para el trabajo organizativo y su falta de contacto con el movimiento obrero hacen que su participación en el levantamiento de masas sea secundaria. Tras los duros años que siguen al aplastamiento insurreccional, la oleada de 1917 revitaliza el movimiento anarquista; en medio del desorden que acompaña a la revolución de octubre y a la guerra civil, los militantes libertarios tratan de llevar a cabo su programa de acción directa (destrucción de las instituciones estatales, transferencia de la tierra y de las fabricas a los trabajadores, control obrero de la producción, creación de comunas en el campo y en la ciudad, milicias populares), sin aceptar ningún compromiso en su camino a la Edad de Oro de la libertad y la igualdad plenas. La consolidación del poder bolchevique irá progresivamente minando las bases del movimiento anarquista; la revuelta de Kronstadt significará su sentencia de muerte definitiva y la eliminación de toda huella de su ideología en las instituciones soviéticas.


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